
Esta foto ya fué publicado el mes pasado, al comenzar el blog y os decía que una imagen vale más que mil palabras y comentaba que la visión de una imagen puede hacernos imaginar toda una historia, puede despertar todo nuestro morbo. Por eso dije que la trastienda del morbo será la trastienda de las imagenes más morbosas y sensuales, para que cada uno imaginemos nuestra propia historia a través de ellas… yo os cuento la mía.
El olor a su perfume invadía la habitación, se deslizaba en mi olfato. Y ella de pie, Su rostro ahora no daba la seguridad de hacia unas horas, unas muecas casi imperceptibles de inquietud marcaban su rostro. La mirada era intranquila, sus ojos eran reflejo de incertidumbre. Y me dispuse a mantenerla en esa posición desnuda e inquieta Sentado en mi sillón seguí fumando mi cigarro. Ella deseaba tener su primer trio MHM, y me lo había sugerido varias veces.
Tome el teléfono de la habitación y solicite al servicio de habitaciones que me subieran una botella de champán y un café. 30 minutos de espera me ha confirmado una voz femenina muy atenta y amable Los dedos en sus muslos tintinean inconscientes, con suaves y arrítmicos golpecitos en su piel, un acto nervioso no deseado y de difícil control, sus uñas pintadas dibujan puntos brillantes en su carne que al entornar mis ojos parecen pétalos de rosas en mi mente.
El silencio es una losa muy pesada, ella lucha por no cerrar sus ojos y dejar de mirarme. Tomé sus manos ensimismado en la música y las elevo parsimoniosamente como danzando con ellas hasta que puestas hacía atrás las ato al cabecero de la cama. Ella hubiera deseado que le diera la vuelta, teme que entren a traer el servicio y puedan verla así desnuda y expuesta, y tenia la esperanza que al menos si así fuese seria de espaldas.
Pronto serás observada por máas ojos que los míos. Quedan unos 5 minutos para que traigan lo que pedí, cuando lo hagan abriré la puerta de par en par para que entren y de paso puedan verte así. Cuando la camarera deje la bandeja en la mesa tu serás la que le des las gracias.
En sus ojos no cabía mas asombro que el que estaba recibiendo al oír mis palabras. Su rostro demostraba miedo escénico, de su boca parecía que quería sacar palabras, pero solo salían jadeos débiles sin ningún significado.
El ruido de unos pasos acercándose por el pasillo la ponen en estado de alerta, sus ojos se abren y su respiración agitada hacen que sus pechos inicien un brutal y acrecentado movimiento que me excita la sola contemplación de cómo danzan ante mis ojos. Da la impresión que las pisadas se paran delante de la puerta, los dos esperamos igualmente excitados el retumbar de los nudillos en la madera, cada uno por diferentes motivos. La llave en la cerradura gira por dos veces y comprendemos que es la habitación de enfrente la que esta siendo ocupada por su inquilino.
Mi mirada estudia cada signo del relax nervioso que ha conseguido. Sus labios secos casi agrietados dejan paso a un suspiro largo y liberalizador, que acompaña al desplome de sus pechos en un gesto que intenta emular tranquilidad y paz
Cuando ve como cojo un consolador doble, su respiración como resorte aumenta de nuevo. Cuando mis dedos hurgan en su coño noto lo mojado que esta y como esta situación la esta calentando por nueva y deseada.
Mientras le hablaba no dejaba de masturbarla y lamerle los labios con los míos mojándoselos y haciendo que los deseara morder y besar Sus caderas se movían adelante y atrás, desesperadas controlando el placer que le daba, esperando lo que tenia preparado para ella.
Un brusco cambio de expresión acompañado de un largo y profundo suspiro fue el efecto que arranque con la penetración de el vibrador en su coño ya preparado y bien lubricado, comencé a masturbarla sin prisas haciéndole sentir cada centímetro del consolador en su interior entrando y saliendo, una y otra vez sin aumentar el ritmo, deleitándome de cómo su expresión demostraba placer y se dejaba llevar. Sintió como su pezón derecho fue pinzado arrancándole un suspiro mezcla de dolor y de placer que le proporcionaba la masturbación. Jadeaba sin cesar y luchaba por abandonarse al placer que sentía, y retorciéndose en mis manos seguía jadeando mientras era mordida en sus labios y en su lengua por mis dientes ansiosos y lascivos. El otro pezón fue pinzado y de nuevo arqueo su cuerpo al sentirlo pero su excitación era tan elevada, que no dejo de retorcerse intentando aumentar el compás de mis penetraciones con el consolador.
Cuando lanzo un gemido mas fuerte, casi al borde de un orgasmo fue al notar como la parte del consolador ideada para su culo ocupo el lugar en el mismo que se merecía, sintió ahora doblemente penetrada y doblo las rodillas acomodando su pelvis a los dos consoladores que eran el martirio de su placer. Una cuerda unía las pinzas de sus pezones tirando de ellos y atados al punto mas álgido de la vibración del consolador. Era como una culebra enardecida, cimbreándose al placer que le proporcionaba el consolador.
Sonó el ruido que los dos esperábamos desde hacia un rato y que ahora nos sorprendía en plena tarea, ella se puso rígida y con mirada interrogante no se podía creer que realmente estaba viviendo algo así
Tres nuevos golpes en la hoja de madera de la puerta. Mi mirada fue buscando su aprobación y ella bajó la mirada asintiendo.
Me puse una toalla encima de mi desnudo cuerpo y me acerque a la puerta. Una ultima mirada y pude comprobar como levantó los ojos preparada a recibir en esa situación a una empleada del Hotel. La puerta fue abierta de par en par y el encontronazo de las miradas de las dos mujeres se produjo fulminante, brutal y directo, creando un clima de incomodidad tal que creó una espesa sensación de incertidumbre en la habitación, que rompí diciendo: Por favor señorita, póngalo en la mesa si es tan amable. La chica de unos treinta años y vestida con uniforme, minifalda corta negra, blusa a conjunto del mismo color, zapagtos de tacón y un gracioso semidelantal de puntillas blancas a juego con la cofia. Cuando deposito la bandeja en la mesa mire a sus ojos y sentí aprobación, deseo y lujuria en ellos.
Desea algo más el señor. No, ya puede retirarse. Volví mi mirada hacia la cama, una mirada contundente y expresiva. Muchas gracias balbuceó ella. De nada, dijo la empleada.
Cuando se retiraba hacia la puerta para marcharse, me fije en su culo, estaba lujuriosa. Un Momento por favor. Si señor, dígame.
Mi posición era envidiable, pues mi campo de visión con dos mujeres una a cada lado, me hicieron que me tomara mas tiempo en mi respuesta, mientras observaba como las miradas entre ellas eran casi idénticas, sintiéndose las dos dominadas por la situación. Me podría hacer un pequeño favor. Sí dígame. Podría accionar el motor del consolador de mi chica.
Observé como la camarera se acercaba a ella y sus dedos buscaron para accionar el motor del vibrador. Ella miraba entre aterrada como el aroma del perfume de la camarera invadía sus fosas nasales ya de por si obstruidas por tanta agitación Se vio ante ella desnuda y penetrada, atada, caliente y lasciva, vergonzosa y excitada. Cuando acciono el resorte que ponía en marcha las vibraciones del consolador noto el escalofrió de las caricias en su interior y su coño y culo las recibieron con agrado y humillación por ser una camarera desconocida quien se las producía y entre asombrada y contenta notó como esa situación aun la excitaba mucho más. La camarera dejó funcionando el consolador y se dispuso a retirarse. Y mi voz de nuevo la detuvo. Un momento señorita. Cierre la puerta y acérquese. Desea algo más el señor, dijo. Dejando caer la toalla al suelo me senté en el sillón. Por favor sirva una copa de champán, rocié con el mi polla y chúpemela.
Y me dispuse a encender un cigarro viendo como ella en la cama se sentía incomoda y excitada por como el consolador y la escena habían mojado su coño. Miraba extasiada la cara de estupefacción de la camarera y su timidez de estar así delante de una mujer extraña se convertía paulatinamente en una excitación que estimulada por el consolador iba in crescendo. No podía evitar la lujuriosa escena que se producía delante de sus ojos al ver como la camarera entre aturdida y curiosa servía la copa y se agachaba de rodillas mostrándole sus blancas nalgas apenas cubiertas por un tanguita blanco y que caminando como perra excitada buscaba su hueso con el que jugar y entretener la lujuria que esa situación le provocaba.
Mi polla estaba como un misil, tembloroso y palpitante de excitación y golpeaba el aire al compás de las contracciones de mi corazón que bombeaban la sangre con tanta fuerza que pensé que hacia muchos años que no se producía esa situación. Los dedos de finas uñas recorrieron mis piernas desde los tobillos hasta las ingles en un suave arañar que me estremecía y me obligaba a esforzarme en contener mi respiración.
Cuando sus dedos rodearon la caliente carne de mi polla trague saliva de golpe en una lujuriosa sensación de erotismo excitando mis sentidos desproporcionadamente. Sentí como rociaba mi polla y la tragaba de una sola embestida notando como sus labios y su lengua me devoraban Los roces de sus uñas en mis cargados huevos de esperma en ebullición hacían que casi me nublase la visión de la excitante escena que se desarrollaba sobre la cama.
La llamada cómplice a mi morbosa amiga como si fuera el servicio de habitaciones fue el destello ingenioso para generar la situación. La camarera sabía en que consistiría la cita y con quién sería.
Ahora al sentir mis rodillas en sus mejillas aumentaba la presión de sus labios y me follaba literalmente con la boca, moviéndola de adelante hacia atrás con un ritmo adecuado, Se tragaba mi polla entera sin dejar nada que pudiera permanecer fuera, y me obsequio con una de las mejores mamadas que mi polla había vivido.
Al terminar mi cigarrillo la dureza de mi polla hacia que mis venas casi explotasen y palpitaba cuando no estaba introducida en su deliciosa boca. Camarera sírvame el café. Si señor contestó.
Se arrastro hacia atrás y al levantarse nos cruzamos las miradas y nos guiñamos un ojo. Y situándose mirando hacia la cama se dispuso a servirme el café. Mi mano derecha comenzó a recorrer su muslo desde atrás mientras los dos la teníamos a ella en frente mirándonos, incrédula, excitada y vergonzosa de sentir ahora cuatro ojos posados en sus rítmicos movimientos incontrolados y que al sentirnos así observándola tan directamente su excitación casi la hizo explotar de placer.
Súbase la falda, manténgala arriba que ella pueda ver bien como su coño es poseído. Si señor, contestó.
Y se subió la falda hasta el ombligo y cuando noto mis dedos en su clítoris lanzo su primer suspiro Mi mirada no se apartaba de la cama, de sus lujuriosas contusiones y su lucha en el borde del orgasmo. Su brutal excitación aun lo era mas por el hecho de que no la tocase y lo hiciera a la desconocida camarera que sujetándose la falda con cara de colegiala ingenua gesticulaba y aumentaba más sus expresivas muestras del placer que mis dedos le otorgaban. Y ella ante nosotros martirizado su clítoris y su ego en presencia de una desconocida. Cuando la camarera no pudo aguantar más comenzó a culear como si fuese follada por una verga invisible que la obligaba a ello.
Y comenzó a mojar mis dedos de sus jugos incontenibles, y un dedo tintineo la cabeza de su clítoris que asomaba ansioso de los últimos retoques a su orgasmo. Desde la cama ella miraba incrédula como la camarera se corría en mis dedos, y no pudo aguantar y explotó irremediablemente en un largo y prolongado orgasmo, lleno de gritos y gemidos que le hicieron perder la incomodidad y la vergüenza y cuando se relajó, sonrió y nos dijo: venid aquí y folladme. Yo, aparté mi mano de mi cómplice camarera, que permanecía jadeante. El café se enfría. Si señor contestó. Y tomándolo entre sus dedos lo llevo a mi boca y bebí toda la taza. Una larga y morbosa noche nos esperaba a los tres.